Ingredientes básicos de tu despensa

Con un aprovisionamiento más o menos nutrido puedes cocinar platos sencillos y rápidos para las comidas del día a día. O de fin de semana, ¿por qué no?

Recuerdo que la despensa de mi infancia estaba siempre repleta. Cosas de la vida en el campo. Mis padres iban al mercado semanalmente y compraban para todos los días. Eran otros tiempos. Hoy en día, no existe la idea de comprar provisiones porque están a la vuelta de la esquina o en un clic. De todos modos, hay que disponer de unos ingredientes básicos para elaborarlos en casa.

Ingredientes para almacenar

De compra esporádica.

Pasta: fideos, espaguetis, macarrones… la que más te guste. Eso sí, deshidratada porque la fecha de caducidad es más larga.

Arroz: un paquete de arroz siempre va bien. Crudo para preparar cazuelas. Aunque si está preparado, en un plis plas lo tienes listo en una ensalada, un acompañamiento o un relleno.

Tomate en lata: me gustan los guisos con tomate del huerto, pero es mucho más práctico en lata al natural. Si es frito, es más rápido.

Cebollas: las tendrás listas para una ensalada o bien complementar cualquier sofrito.

Patatas: tanto frescas como en copos deshidratados. El tubérculo fresco, perfecto para un lecho de pescado al horno o una tortilla. El puré, como acompañamiento con alguna carne o solo pasado por el gratén.

Ajo: una especie que merece una atención especial. Es la base de muchos platos de nuestra cultura.

Aceite: para freír, aliñar o conservar. Tanto da. Es un básico en mayúsculas.

Sal: el potenciador de sabor más universal. Con una pizca, es suficiente. Aunque no me resisto a hornear una dorada a la sal.

Vinagre: un condimento acidulado para tus aliños. Se puede sustituir por limones, pero son más perecederos.

Especias para cocinar: las pimientas son básicas. Pero la nuez moscada para bechameles, el curry para platos hindúes o el comino para los árabes serán un buen surtido para tu despensa.

Hierbas aromáticas: el tomillo, romero, albahaca o orégano son los clásicos de la cocina mediterránea. Me gustan frescas, por eso las tengo plantadas en mi terraza. Si no, secas.

Legumbres: secas o en conserva. Las hervidas, muchísimo más prácticas, te resuelven una noche sin ganas de entrar en la cocina.

Pescados en conserva: para preparar una pizza en un instante y hornearla después.

Verduras en conserva: hay muy buena oferta de hortalizas cocinadas en el mercado. Salteadas con un chorro de aceite y un poco de pimienta, están divinas. Si no, como acompañamiento de tus platos principales.

Latas de encurtidos: las aceitunas son las reinas. Para un aperitivo o una ensalada y, porqué no, un guiso de carne.

Caldo o cremas: en vidrio o tetrabrik es otro básico, básico. Tanto para guisos o sopas. En vacaciones, un gazpacho bien fresquito. Sólo hay que vertirlo en un cuenco y listos. Te ahorrarás el tiempo de elaboración. Hay infinidad de marcas que seguro se ajustan a tus necesidades.

Harina: para rebozar, para repostería, para espesar… Un ingrediente que te salva de más de un apuro. Si eres celíaco, hay específicas para ti.

Azúcar: es el demonio. Usa el edulcorante que más encaje contigo. Pero el postre…¡qué harías sin el!

Leche: para los desayunos o para cremas. En casa elaboro las cremas de verduras con ella.

Café o infusión: para los desayunos y en el postre.

Salsas preparadas: la mayonesa, la mostaza… Siempre tienen cabida en alguna comida. Una vez abiertas, en la nevera.

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De congelador

Su fecha de caducidad es muy larga, por lo que puedes disponer de ellos en cualquier momento. Con la precaución que una vez abierto, se selle correctamente para su óptima conservación.

Pescado: siempre es bueno tener unos filetes de pescado en el congelador. Lo descongelas en el microondas y en poco tiempo lo pasas por la plancha.

Verduras: sí. Antes te he hablado de las de conservas, pero hay mucha más variedad congeladas. Con la ventaja que muchas de ellas ya vienen cortadas a dados pequeños. Y si no usas el paquete entero, podrás guardarlo mucho más tiempo que en lata (3 días abierto es lo más). Eso sí, tendrás de cocinarlas o sí o sí. Lo único que a mí personalmente no me gusta es que hay algún producto que no me acaba de convencer congelado, lo prefiero fresco. Pero contra gustos y comodidad no hay nada escrito.

Gambas o langostinos: Me gustan mucho más frescos, pero para una paella son estupendos. En cambio, los bivalvos congelados no son fuente de mi devoción. El motivo. Porque al descongelarse la valva se desmenuza. Hay que lavarlas muy bien una a una.

De nevera

Aunque estos ingredientes no formen parte de los elementos básicos de aprovisionamiento, he querido hacer una mención especial. Son perecederos. Pero es que abrir la nevera y encontrártela vacía es un poco triste. Al menos para mí. Me inspira a preparar algún plato. Luego ya recurriré al congelador o los víveres.

Fruta: para tomártela tal cual en el desayuno o de postre. O como acompañamiento de carnes y pescados.

Verduras y hortalizas: para comer en crudo. O aquéllas que no hay oferta ni en conserva ni congelada. Que son las mínimas.

Pescado: aunque el pescado congelado es una buena opción, hay peces que mejor comerlos frescos. Como la merluza. Cuando lo compres, consúmelo el mismo día o al siguiente como máximo.

Huevos: otro básico destacable. Es el típico recurso cuando no estás inspirado/a: una tortilla a la francesa. Y como no, es la base de muchas salsas (mayonesa, p.ej.) y repostería.

Esta despensa es bastante completa. Puedes hacer de más y de menos. Pero podrás elaborar sin ningún problema lo que te apetezca. Y si tienes la visita inesperada de unos amigos, podrás cocinarles un almuerzo o una cena sin demasiadas complicaciones.

Y para que no caduquen y los tengas que reemplazar, realiza la lista del menú semanal con los ingredientes que tengas a mano.